
Será cosa de la crisis, es la excusa universal hoy en día. El caso es que siento una contínua inquietud que apenas me deja conciliar el sueño por las noches.
Será la mezcla de la inseguridad, la incertidumbre, las ironías de la vida... todas esas cosas que creemos que sólo nos pasan a nosotros, y sin embargo basta con mirar alrededor para darse cuenta de que la situación es casi colectiva y que los ánimos andan de capa caída.
Y lo curioso es... que en el fondo me encuentro extrañamente tranquila. Supongo que es la reacción que queda después de llegar a la conclusión de que casi no se puede hacer nada para cambiar la situación, y las cosas que se pueden hacer... asustan.
Esperemos que el Viña sea mi tormenta, y que después, y esta vez de verdad, venga un poco de calma.
